Bitácora

El mito de la identidad territorial a través de la fiesta y otras manifestaciones culturales

“Si continúan llegando inmigrantes a nuestra tierra desaparecerán nuestras señas de identidad y peligrará nuestra cultura…”, (Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat de Cataluña).
La cultura se define como “ese todo complejo que incluye costumbres y tradiciones, hábitos, lengua, creencias, sistema político, económico, fiestas, gastronomía, etc.”, o sea, el modo de vida de un pueblo. La cultura es el fundamento que configura la identidad de un territorio. Sin embargo los elementos culturales que construyen la identidad de cualquier colectivo, ni han existido siempre ni, en general, son exclusivos de ese ámbito y pueden desaparecer con el tiempo. Son a veces imitaciones de otros espacios socioculturales. Veámoslo en nuestra propia tierra, Callosa de Segura, pudiendo a continuación hacer una proyección de lo local a lo global.

Santuario de San Roque Callosa de Segura
Santuario de San Roque Callosa de Segura/ Ayuntamiento de Callosa

San Roque, seña de identidad por excelencia de Callosa de Segura, no llega hasta bien entrado el S. XV. La fiesta en su honor no es exclusiva de aquí; su imagen se venera en numerosas ciudades de España, Francia, Portugal, Italia, etc. Los Moros y Cristianos se celebran en Callosa desde los años setenta, según costumbre de otras ciudades de la provincia con más tradición, y ya no son exclusivos de Alicante ni de la Comunidad Valenciana, habiendo sobrepasado sus límites geográficos. “El farolico Venancio”, “Las demostraciones del cáñamo”, etc. forman parte de la fiesta desde hace unos años. “El chupinazo”, una exitosa aportación de la filá de Los Desterraos a la fiesta, es una copia importada de Los Sanfermines que ha sido acogida con entusiasmo. Otras manifestaciones festeras que tuvieron lugar en el pasado han desaparecido: a finales del S.XVIII (Monografías callosinas, núm. 5, pág. 116) habla de un desfile a la turca del gremio de los alpargateros que dejó de celebrarse, como también desapareció en la primera mitad del S.XX un “Bando de la Huerta” de Callosa, o “La Bolina”, jornada gastronómica de convivencia celebrada por noviembre en La Pilarica entre patronos, obreros y familiares. Por citar algunos casos festeros. En cuanto al sistema económico, a Callosa se la identificaba como la ciudad del cáñamo, “la mapa” del cáñamo en la Vega Baja, actividad que vertebraba aquella sociedad. Ese mundo desapareció. Después surgió una industria de redes y cordelería que, por su relevancia en el contexto nacional, también identifica a Callosa. La agricultura intensiva bajo plásticos, seña de identidad de Almería, que arrancó en los sesenta, se trasladó una década después a Mazarrón y Aguilas, quedando implantada posteriormente en Pilar de la Horadada y el campo de Cartagena en los años ochenta. Podríamos continuar con muchos otros ejemplos. En el caso de las lenguas, si deconstruyéramos la evolución semántica de muchas de ellas nos encontraríamos con una familia de idiomas o dialectos con un origen común y sin necesidad de llegar al indoeuropeo. En gastronomía, como el caso del “arroz y costra”, numerosos pueblos se disputan hoy frente a otros la paternidad de distintos platos emblemáticos.

Arroz con costra ilicitano/ Wikipedia
Arroz y costra / Wikipedia

Por todo lo anterior, legitimar la realidad de una identidad territorial teniendo como fundamento la existencia de una cultura propia, exclusiva, integrada por una serie de elementos culturales cambiantes y en continua reelaboración, nos parece más un atrevimiento que un argumento, un pretexto emocional más que una conclusión racional.

La afirmación de una identidad territorial implica un doble concepto de “exclusividad”, algo propio, único, un privilegio,  y de exclusión o excluyente en cuanto discriminación o rechazo. Es el “nosotros”, “lo nuestro”, “los de aquí”, frente a “los otros”, “los de fuera”, o sea, nosotros frente al mundo entero de los otros.  Esta discriminación por categorías en las relaciones humanas siempre ha existido: romanos-bárbaros, cristianos-gentiles, civilizados-salvajes (incluso los “buenos salvajes” de Rousseau), musulmanes-infieles, arios-semitas, etc. El dilatado arraigo de aquellos que constituyen el grupo identitario les conferiría una legitimidad en origen frente a “los de fuera”, o mestizajes sobrevenidos, jerarquizando así la sociedad en distintos niveles o grados de una supuesta “pureza étnica”.

Las identidades territoriales se construyen con una concepción individualista y supremacista desde los discursos del Poder. Porque el Poder no solo suscita adhesiones clientelares inquebrantables sino que, con Foucault, genera conocimiento, especie de trincheras ideológicas, a base de frases e ideas mil veces repetidas desde las estructuras de influencia.  Más aún, a través de potentes medios de propaganda de masas llegan a constituirse desde el Poder auténticos “sistemas de verdad”, un discurso políticamente correcto que aparenta una especie de legitimidad social. El sistema educativo, p.ej., que el Poder siempre quiere controlar, ha sido una forja de espíritus impregnados del discurso identitario a través de la exaltación y enardecimiento de las señas de identidad propias y el desprestigio de sus adversarios, vistiendo de emociones un sentimiento de pertenencia construido previa y conscientemente, escondiendo siempre objetivos interesados: acaparar cargos y poder, controlar presupuestos, monopolizar el discurso dominante, etc. Todas las guerras se fraguaron con este lenguaje dicotómico y frentista.

En esta línea, las imágenes que desde el Poder se proyectan sobre el propio grupo y sus instituciones contribuyen a una permanente e insistente construcción de la propia identidad, algo considerado “sagrado e inviolable”, aunque no sea compartido por todo el grupo. ¿Qué cosas comparte un señor de La Campaneta con uno de Bocairent, por ejemplo? O ¿uno de la gerundense Besalú con otro de las tierras bajas del Ebro? O ¿uno de Lequeitio con otro de la Rioja Alavesa? Pocas. No obstante a todos ellos se les atribuye la misma identidad oficial y la obligación de defenderla. La geografía política no coincide a veces con la geografía cultural que le da soporte porque la cultura derrite  a menudo  las fronteras geopolíticas, desbordándolas, avecinando pueblos con tradiciones compartidas aunque se hallen encuadrados en identidades territoriales diferentes.

Atribuir una identidad homogénea a cada territorio es un mito construido desde el Poder. “La Comunidad Valenciana, en lugar de reforzar una identidad periférica, consolida una identidad múltiple en la que se combinan elementos colectivos valencianos y españoles” (Castelló y Coller). No existen territorios con identidades homogéneas sino híbridas, eclécticas. Ni somos las personas clasificables por identidades homogéneas. Existen tantas identidades como individuos. Más aún, “cada persona tenemos nuestra propia identidad fracturada” (Albert Camús), al identificarnos con elementos culturales de todos los sitios por donde hemos pasado en la vida, con unos más que con otros pero que, al final, nuestra identidad personal es el resumen de toda nuestra experiencia de vida. Por ello, con Baumann (2001:61), convendría hablar más bien de identificaciones que de identidades: con qué cosas nos identificamos, sean del sitio que sean, mejor que definir la compleja identidad de cada persona y menos por decreto.

Museo del Cáñamo de Callosa de Segura/ Punto Radio Vega Baja
Museo del Cáñamo de Callosa de Segura/ Punto Radio Vega Baja

Si las culturas son constructoras de identidades, a su vez éstas son reivindicadas como acreditaciones para los nacionalismos y argumentos para los nacionalistas. Esto sería más peligroso porque, si bien la ecuación anterior cultura-identidad no pasa de ser una reivindicación cultural que, como concepto, podría quedar anclado y fusionado en el más amplio de “nacionalidad”, y con más razón si este lo contempla la constitución como distinto al de “nación”, establecer sin embargo una relación necesaria y vinculante entre identidad y nacionalismo es más peligroso porque en este caso la reivindicación no es cultural sino política, de poder, de soberanía que hoy, cinco siglos después, sigue conservando el mismo significado atribuido por su creador J. Bodin (1576), como “el poder absoluto y perpetuo de una República”. Para ello no se escatima en inventar una memoria selectiva, revolver y manipular la historia para desplegar toda una montaña de falsedades y reunir cualquier símbolo andrajoso del pasado hasta organizar todo un espectáculo de la confusión.

Autoinvestirse de poder legítimo una parte del Estado y pretender disputarle a éste el “poder absoluto y perpetuo” que legítimamente ejerce, poder inventado contra poder legítimo, nos llevaría indefectiblemente, nos ha llevado ya en multitud de ocasiones, a un escenario bélico. Basta con echar un vistazo a la historia para comprobar las innumerables páginas sangrientas escritas por esta clase de conflictos.

Las identidades, que son sistemas colectivos de significación de los seres humanos, no son “islas”, bloques compactos, herméticos e impenetrables, como sagradas Arcas de la Alianza que se transmiten de generación en generación, sino realidades que se desarrollan en contextos culturales complejos, no realidades estáticas e inmutables (lo que significaría una cosificación de la cultura), sino procesos sociales en permanente construcción. Las “sagradas señas de identidad”, por tanto, no constituyen la definición ontológica de un pueblo sino la expresión de su modo de vida en un momento histórico concreto.

San Roque, Patrón de Callosa de Segura/ Wikipedia
San Roque, Patrón de Callosa de Segura/ Wikipedia

Para terminar, debemos reiterar con el autor que La identidad como certeza está bastante cuestionada (Foucault, 1978:181-190). Ningún colectivo humano puede considerarse “único”, o superior porque todos son consecuencia de una evolución humana aleatoria e interrelacionada. Las “sagradas señas de identidad” no son, con frecuencia, exclusivas de un lugar sino copiadas, importadas de otros ámbitos y compartidas con otros grupos en un mundo cada día más globalizado, de comportamientos homogeneizados y, si se nos permite la expresión, cada vez más gregarios en el que tendemos todos a hacer lo mismo, compartiendo gustos parecidos en múltiples campos: moda, música, viajes turísticos, idiomas, cosmopolitismo, gastronomía, internacionalización de empresas, de marcas, consumismo… Existe la clara tendencia a universalizar una misma forma de vida. Las generaciones jóvenes actuales en especial se identifican más con la “cultura global” y, sin renunciar a sus raíces, dejan atrás la visión aldeana del pasado. No soportan el estrecho entorno en donde sus ancestros construyeron su identidad. Prefieren derribar barreras, explorar toda la complejidad del universo y poder conocer los diversos mundos que habitan en otros idiomas y en torno a otros altares. En ese empeño habrán evolucionado desde una identidad de aldea y campanario a una identificación con asuntos de su interés que puedan existir en cualesquiera de las 50.000 culturas existentes hoy en el mundo.

José Antonio Marín Caselles/ Antropólogo. Doctor por la UMH.

 

 

El poder del color naranja en Iberoamérica

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Cuando pensamos en la riqueza que se genera en los países latinoamericanos se nos vienen a la mente mujeres y hombres de traje y corbata, grandes inversores de café, ron, cerveza, tequila u otros negocios… Pero, entonces, estamos infravalorando la conocida “economía creativa”, un sector que envuelve todo aquello que tiene que ver con el conocimiento y el proceso por el cual se genera una idea. El concepto hace bastante hincapié en la industria cultural (teatro, cine, música, diseño, videojuegos, gastronomía etc.), aunque también forma parte de este, la economía del conocimiento (educación, investigación y tecnología, entre otros…).

economia naranja
La economía creativa es también conocida con el nombre de economía ‘naranja’ debido a que la mayor parte de actividades que forman parte de ella están destinadas a la población joven y el ‘naranja’ es el color de la felicidad y de la juventud.

Según la publicación “Tiempos culturales: El primer mapa mundial de las industrias culturales y creativas” (2015), el sector naranja genera cada año 2,25 billones de dólares, lo que supone el 3% del PIB mundial, y dan empleo a 29,5 millones de personas (1% de la población activa del mundo). Los ingresos de las industrias culturales y creativas superan a los de los servicios de telecomunicaciones y suponen más puestos de trabajo que los de la industria automovilística de Europa, Japón y Estados Unidos en su conjunto.

John Howkins, el escritor de “The Creative Economy” y también conocido como el padre de la economía naranja definió esta como una economía en la que la gente dedica la mayor parte de su tiempo a generar ideas en una sociedad que está en constante compraventa de conocimiento. Todo lo contrario, a la persona trabajadora ordinaria que se dedica a pasar de 4 a 8 horas en una oficina delante de un ordenador, haciendo el mismo trabajo de forma automática día tras día. Es una economía que genera ideas en el momento más inesperado ya sea saliendo a pasear, tomando una copa, charlando con un amigo o viendo la tele.

En Iberoamérica han sabido valorar esta economía emergente y sacar buen provecho de las industrias culturales. Las ideas más creativas e innovadoras han hecho crecer la economía de países como Colombia, Brasil, España, Argentina y Venezuela. El estudio ‘Public Policies for Creativity and Innovation: Promoting the Orange Economy in Latin America and the Caribbean’ realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo muestra que la economía naranja dejó una aportación de un 2,2% al PIB de la región latinoamericana. Además de contribuir a una subida del empleo de más de un 5%, llegando al 7% en algunos de estos países.

En el caso de España, una de las industrias que más dinero mueve es la musical, en concreto los 850 festivales que se celebran al año. Entre los más populares están ‘Viña Rock’, ‘Primavera Sound’, ‘Sónar’, y el ‘Bilbao BBK Live’, entre otros. Más de dos millones de personas se desplazan a lo largo de todo el año en busca de los espectáculos más cañeros del país. Las administraciones públicas calculan que los beneficios de los cuatro principales festivales musicales españoles ascienden ya a 70 millones de euros al año.

concierto

Si hablamos de Brasil no podemos evitar pensar en el famoso carnaval de Río de Janeiro, que albergó alrededor de unos 400.000 turistas de diferentes partes del mundo este año. A pesar de las críticas recibidas por la falta de presupuestos, el Carnaval 2018 tuvo un impacto de 3,6 millones de dólares concentrados principalmente en las ciudades de Río de Janeiro, Salvador, Recife, Olinda, Belo Horizonte y Sao Paulo.

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En cuanto a Argentina 1 de cada 10 puestos de empleo se deben a las industrias culturales y creativas, lo que representa el 3% del PIB del país. Algunos ejemplos de empresas que siguen este modelo de economía naranja son la empresa Etermax, creadores del famoso videojuego ‘Preguntados’, o la compañía multimedia Posibl. que produce y distribuye contenidos de impacto social.

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La economía creativa es un sector que se encuentra en pleno crecimiento y cuyos valores predominantes son la iniciativa y la innovación, algo a lo que podemos añadir como herramientas las nuevas tecnologías que contribuyen a su desarrollo y difusión en este gran mercado al que denominamos ‘mundo’. Nos encontramos ante un nuevo fenómeno mundial repleto de valor cultural.

 

Andrea Reinosa de la Fuente

 

Hacia un estatuto del artista y el profesional de la cultura

En febrero del pasado año, el Congreso de los Diputados (a propuesta del grupo parlamentario Unidos Podemos-En Común-En Marea) aprobó la creación, en el seno de la Comisión de Cultura, de una subcomisión encargada de preparar la propuesta para la elaboración de un Estatuto del Artista y del Profesional de la Cultura, adaptado a las necesidades específicas del sector y sus profesionales por cuenta propia y ajena. Durante casi año y medio comparecieron en la Cámara Baja expertos y representantes de colectivos de trabajadores que expusieron ampliamente a los portavoces de los distintos grupos parlamentarios sus inquietudes y aspiraciones, entre las que destacan fiscalidad, protección laboral, jubilación activa y transición profesional.

Partiendo del hecho de que los soportes y condiciones materiales de la cultura se transforman de manera continua, los trabajos realizados por la subcomisión ofrecen una agenda legislativa de avance social en materia de derechos, obligaciones y oportunidades, con vocación de traducirse en cambios legislativos efectivos. Y el pasado mes de junio, por unanimidad de sus miembros, la Comisión de Cultura del Congreso aprobó el informe final, en el que se reconoce la histórica reivindicación de la especificidad del trabajo de creadores, artistas y profesionales de la cultura. Se trata –como se dice en las conclusiones- de aprovechar la oportunidad de ponerse a la altura del cambio social y tecnológico, tanto en lo laboral y fiscal como en materia de propiedad intelectual. Asimismo, se considera que vocación y profesión deben ir de la mano en derechos y obligaciones, y que la vocación no debe convertirse en excusa para tener menos oportunidades o trabajar en peores condiciones. Porque tiene que ser posible en este sector, que cuenta con altas tasas de precariedad, dedicarse profesionalmente a la cultura, poder vivir de ella, sin olvidar la vieja aspiración de compatibilizar la percepción de prestaciones públicas con ingresos por derechos de propiedad intelectual y actividades creativas.

Con este proyecto de Estatuto, por fin se ha dado presencia pública al trabajo cultural mediante su inclusión en la agenda política. El Congreso de los Diputados reconoce la necesidad de buscar un marco legal, laboral y fiscal que proteja realmente a los creadores. Se ha visibilizado la situación del sector y, en definitiva -como considera la actriz, directora teatral y diputada valenciana de Unidos Podemos-En Comú Podem, Rosana Pastor, que ha participado activamente en el proceso-, «se ha conseguido el mejor Estatuto del Artista posible».

En efecto, el informe aprobado plantea una serie de propuesta y recomendaciones, tales como: ajustar la fiscalidad a la actividad profesional intermitente y de ingresos irregulares propia del sector; crear un régimen específico de la Seguridad Social, tanto dentro del régimen general como en el de autónomos; garantizar el efectivo derecho de los profesionales de la cultura a estar debidamente representadas sindicalmente; impulsar medidas contra la precarización de los servicios de orientación y educación en los espacios culturales; impulsar el fomento de la creatividad artística a través de cooperativas de trabajo asociado de músicos, escritores, ilustradores, guionistas, actores, asuntos fiscales, tributarios y laborales, así como la compatibilidad de derechos de autor con la pensión, la situación socio-laboral de los artistas en espectáculos públicos y el futuro de las enseñanzas artísticas. En este sentido, se hace especial hincapié en las transiciones profesionales, teniendo en cuenta que los artistas se caracterizan por unos itinerarios vitales atípicos y carreras profesionales cortas.

Mediante los programas de apoyo a la transición profesional de los artistas, el proyecto de Estatuto busca también conseguir que –como ocurre en algunos casos- dejen de ser personas en riesgo de exclusión social. Así, se propone potenciar las posibilidades de empleabilidad y movilidad de estos artistas con medidas de soporte psicológico, asesoría laboral y apoyo a la educación. Para ello, habrán de tenerse en cuenta las particularidades ligadas a la edad y la necesaria inclusión de los perfiles profesionales de los creadores escénicos en el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales, a fin de que los trabajadores de este colectivo puedan acceder a procesos de evaluación y reconocimiento de competencias, como ocurre con el resto de profesiones.

El Estatuto del Artista y del Profesional de la Cultura pretende contemplar –así consta en las conclusiones del informe- la situación de quién crea la obra y para hacerlo debe formarse e investigar, quién diseña el escenario, quién lo ilumina, quién escribe la música y quién la ejecuta, quién la promueve, quién ilustra un poema y quién lo recita, quién comisaría el conjunto, quién lo hace llegar al público y, en general, quién sostiene o gestiona todo el proceso con su trabajo visible, invisible o ambos a la vez. Porque «todas estas personas son indispensables para disfrutar de una obra de teatro, una exposición, un libro, una película, una ópera, un concierto».

Cuando el documento se someta –ya a partir de septiembre- a la aprobación del pleno del Congreso de los Diputados, se habrá dado un paso histórico. Todavía quedará mucho recorrido por delante, puesto que la vigencia del Estatuto precisa de nuevas disposiciones reglamentarias que afectan a distintos departamentos ministeriales. Y el gobierno deberá adoptar algunas medidas previas como la creación de una entidad o comisión interdepartamental que se ocupe del establecimiento, gestión y control de programas de fomento de la transición profesional, órgano para el que se solicita una dotación presupuestaria suficiente. La reciente creación de un Ministerio de Cultura específico puede contribuir, sin duda, al impulso de esta vieja aspiración de los artistas y profesionales de la cultura.

 

Juan José Sánchez Balaguer/ Diario Información (20/07/18).

Industrias creativas y culturales en Elche. Estudio para el desarrollo urbano sobre ICCS

17 julio, 2018

Desde la Cátedra Iberoamericana Alejandro Roemmens de Industrias Creativas y Culturales  de la Universidad Miguel Hernández, nos informan que se ha realizado un estudio Las industrias culturales y creativas en el área metropolitana de Alicante-Elche. Estudio de sus lógicas espaciales para el desarrollo urbano que constituye uno de los primeros análisis de datos georreferenciados sobre industrias culturales y creativas realizados en esta área alicantina: Visor SIG (Sistema de Información Georreferenciada) para explorar la distribución y concentración espacial de las actividades de la economía creativa en el área metropolitana de Alicante-Elche, España. Realizado con Leaflet y Mapbox.

Encuantra a continuación enlace a las publicaciones:

Mapa completo ICC Alicante-Elche

Estudio de las lógicas espaciales de las ICC para el desarrollo urbano en el área metropolitana Alicante-Elche. Informe realizado por Mónica Copaja yCarlos Esponda (PDF).

LAS INDUSTRIAS CREATIVAS DENTRO DEL DESARROLLO DE LAS CIUDADES: Perspectivas y estrategias desde un enfoque económico, social y urbano (PDF)

eNEM|Plataforma de Tecnologías Multimedia y Contenidos Digitales

Cibervoluntarios y la Cátedra Iberoamericana de la UMH ponen en marcha ‘Digitalizadas’, un programa a favor de la igualdad laboral

La Fundación Cibervoluntarios y la Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ de Industrias Culturales y Creativas de la Universidad Miguel Hernández (UMH), han acordado instaurar tras las vacaciones veraniegas diversas acciones relacionadas con la promoción de las nuevas tecnologías, entre las que destaca el proyecto ‘Digitalizadas’. También habrá una jornada para los alumnos universitarios bajo el título ‘Voluntarizate: competencia en positivo’.

‘Digitalizadas’ se orienta a la adquisición de competencias digitales y uso de herramientas tecnológicas para mujeres del ámbito rural. El proyecto tiene una formación con tres itinerarios de capacitación a través de talleres: habilidades digitales básicas; habilidades para la mejora del acceso al empleo; y habilidades digitales para la mejora del emprendimiento.

En cuanto a ‘Voluntarizate: competencia en positivo’, el programa une dos conceptos fundamentales como son el voluntariado y las nuevas tecnologías, para que los jóvenes aprendan nuevas técnicas que les ayuden en su futuro laboral. El proyecto pretende fomentar valores como la solidaridad, el compromiso, la empatía, la igualdad, así como el rechazo a todo aquel comportamiento que apoye ideas racistas o xenófobas.

Para más información, las personas interesadas pueden dirigirse a la web de la Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ de la UMH: https://culturacreativaiberoamericana.edu.umh.es/, o también visitar la página oficial de Cibervoluntarios: https://www.cibervoluntarios.org/.

 

cibervolunt

 

Andrea Reinosa de la Fuente

Una marca para la Vega Baja del Segura

El concepto de marca es muy amplio y pueden observarse matices muy particulares, según sea la perspectiva desde la que se analiza: económica, comercial, legal, publicitaria, etc. Podemos aplicar también estas consideraciones a la imagen de Marca Territorio y así también (Valls, 1992: 16, 26-27), “se convierte en sinónimo de estado de opinión activo y generado, que es susceptible de ser estudiado y conocido para intentar modificar con ella los hábitos y costumbres de los consumidores, ciudadanos (…). La opinión formada tendrá su valor afectivo y sentimental que denotará atracción o repulsa y podrá servir como referencia en el acto de ‘compra’. La imagen de marca forma parte del capital inmaterial, intangible de toda organización, y a pesar de no ser cuantificable, puede convertirse en uno de los elementos de más valor según sea buena o mala la imagen que desprenda”.

La imagen de un territorio es “la idea o percepción que el resto del mundo tiene de este territorio (Van Ham, 2001) y con el desarrollo de una marca territorio, sería posible el posicionamiento o la percepción externa que se tiene de un territorio susceptible de aportar valor diferencial y añadido al mismo y a los elementos que lo componen (empresas, ciudadanos…)[1]”. La opinión formada tendrá su valor afectivo y sentimental que denotará atracción o repulsa y podrá servir como referencia en el acto de “compra”. La imagen de marca forma parte del capital inmaterial, intangible de toda organización y a pesar de no ser cuantificable, puede convertirse en uno de los elementos de más valor según sea buena o mala la imagen que desprenda (…) La imagen de marca se forma de manera comparativa (…), y por analogía, es decir, a través de un lazo imaginativo entre dos o más objetos esencialmente diferentes”.

La necesidad de crear la Marca Territorial viene determinada por la necesidad de “poner de relieve y difundir, interna y externamente, los valores y capacidades favorables a la capacidad del territorio, y cuyos atributos de imagen puedan servir de base para las campañas de promoción focalizadas sobre el comercio, el turismo y la captación de inversiones” (Domeisen, 2003:14). La situación del entorno actual hace necesaria una diferenciación de los territorios basada en los activos intangibles que posean los territorios y que permitan un posicionamiento adecuado del lugar, de forma que su desarrollo contribuya a incrementar la atracción turística de un determinado lugar, asegurar niveles de inversión, obtener predisposición a consumir productos, apoyar las exportaciones y conseguir un posicionamiento político territorial de carácter estratégico[2].

Desde su constitución el 5 de junio de 1997 (camino del cuarto de siglo ya), el Consorcio para el Desarrollo Económico de la Vega Baja del Segura, de conformidad con sus objetivos fundacionales, ha realizado una amplia labor en las áreas de formación e inserción laboral, asesoramiento profesional y empresarial, nuevas tecnologías y fomento de las iniciativas comerciales. Esta tarea en beneficio del territorio y las personas de su ámbito de actuación se ha concretado en diversos talleres de empleo, miles de horas dedicadas a actividades formativas y gestión de ofertas laborales, acompañamiento de emprendedores y divulgación de las TICs en su ámbito de actuación, sin olvidar proyectos más ambiciosos como el dirigido a poner de valor una vía verde comarcal. Pero no es cuestión de aburrirles con datos estadísticos, puesto que reflejados están en las memorias anuales que se encuentran a disposición de los interesados.

Quedaba, no obstante, una asignatura pendiente, igualmente contemplada en los objetivos del Consorcio: la de promoción de la imagen de la comarca, la potenciación de recursos naturales y culturales y de los productos y servicios característicos de la zona. Esta importante función no terminaba de plantearse con decisión porque siempre se cruzaban en el camino visiones miopes del concepto comarcal, cuando no algunos intereses partidistas.

Y resulta que, felizmente, hemos conocido estos días el proyecto de creación de una Marca Territorio para la Vega Baja del Segura, promovido por el excelente equipo de profesionales de CONVEGA que dirige eficazmente Rosa Fernández, dentro del Acuerdo Territorial para el Empleo y el Desarrollo Local de la Vega Baja’ en el que participan los sindicatos UGT y CCOO y el tejido empresarial de la comarca. A través de la técnica del ‘Focus Group’ se vienen celebrando mesas de trabajo en varias localidades, con la participación de representantes de la UMH y de diferentes entidades públicas y privadas. También se ha elaborado un cuestionario que permanece abierto a la participación de la ciudadanía a través de la web del Consorcio.

En definitiva, el propósito de los técnicos es identificar los activos comarcales más valiosos para identificar los atributos que son comunes y marcan la idiosincrasia de los habitantes de la comarca, destacar los valores emocionales por los que destaca el Bajo Segura y conseguir elaborar propuestas de valor sobre hechos diferenciales por los que se podría proponer a la Vega Baja como mejor opción frente a otros territorios. Si todo marcha de acuerdo con las previsiones establecidas, este proyecto  experimental debería culminar en el futuro con la creación de una marca común, con su logo y eslogan que permita comunicar fácilmente todas las conclusiones acordadas. Ojalá esta vez haya suficiente altura de miras para que puedan cumplirse los deseos de la alcaldesa de Jacarilla, Pilar Díaz: “trabajar unidos por una identidad colectiva basada en los elementos comunes y completadas con las particularidades de cada pueblo, haciendo especial hincapié en la necesidad de hacer comarca”. Así sea y nosotros que lo veamos…

 

Juan José Sánchez Balaguer / Cultura Creativa Iberoamericana

[1] Adaptado de la definición de ‘Marca país’ en la página web Foro de Marcas Renombradas Españolas: ‘Made in  Spain”. Vid Rafael López Lita / Mª Teresa Benlloch Osuna (Universidad Jaime I), RECERCA, Revista de Pensament y Anàliisi, núm. 5, 2005, p. 93.

[2] Ibídem.

Primer banco de datos de las industrias culturales en el área Alicante-Elche

Dos colaboradores de la Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ de la UMH analizan el sector mediante un sistema de información georreferenciada

El análisis de distribución y concentración espacial de las industrias culturales y creativas en el Área Metropolitana Alicante-Elche determina que no existe una evolución equitativa de las mismas sobre el territorio. Las aproximaciones obtenidas en este análisis exploratorio, a través de un SIG (sistema de información georreferenciada), permiten entender el funcionamiento de estos sectores respecto a sus dinámicas espaciales y sus tendencias de agrupación, con el fin de impulsar las redes creativas de manera equilibrada y colaborativa entre los doce municipios del área para su desarrollo urbano y económico.

El trabajo Las industrias culturales y creativas en el área metropolitana de Alicante-Elche. Estudio de sus lógicas espaciales para el desarrollo urbano, realizado por Mónica Copaja Alegre y Carlos Esponda Alva, investigadores peruanos, colaboradores de la Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ de Industrias Culturales y Creativas (UMH), constituye uno de los primeros análisis de datos georreferenciados sobre industrias culturales y creativas realizados en esta área alicantina, por lo que ofrece una panorámica actual, cuyas aproximaciones y perspectivas pueden ser de gran utilidad para las Administraciones y empresas. Asimismo, el almacenamiento y gestión de los datos obtenidos han generado un primer Banco de Datos de las Industrias Culturales y Creativas del Área Metropolitana que más adelante puede servir de base para un estudio a escala interprovincial o intermunicipal, así como para desarrollar nuevas líneas de investigación que den a conocer perspectivas específicas sobre la distribución espacial de estas industrias.

Los resultados de estos conceptos, modelos y estrategias de políticas culturales se consolidan, desde una perspectiva integral, en una delimitación de siete ámbitos sectoriales: Artes escénicas; Artes visuales; Diseño; Medios; Literatura; Innovación y Tecnología; y Patrimonio Cultural. A partir de esta categorización general, se seleccionaron y clasificaron los rubros empresariales que figuran en la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE) de 2009 de España, resultando una matriz de búsqueda que permite recoger datos para el análisis.

En cuanto a la distribución por sector creativo, se puede apreciar que los de mayor peso son los de Diseño (24%), Medios (23%) e Innovación y Tecnología (22%), de los cuales el Diseño consolida una aglomeración espacial más definida sobre Alicante y Elche. Los sectores de Artes Visuales (5%), Literatura y Patrimonio Cultural (8%) poseen un menor número de ICC, de lo que se infiere que las empresas e instituciones culturales superan en cantidad a las empresas estrictamente creativas. La distribución espacial evidencia también una tendencia hacia la concentración espacial por sectores a medida que aumentan las industrias culturales y creativas.

Mapa ICC Alicante-Elche
Muestra del mapa ICC Alicante-Elche

 

Mapa ICC Alicante-Elche (muestra de los puntos 'innovación-tecnología')
Mapa ICC Alicante-Elche (muestra de los puntos ‘innovación-tecnología’)

Información digital para la gestión, conservación y difusión del patrimonio cultural edificado*

En el marco de la necesidad de transformación y preservación digital de la herencia cultural, proponemos mediante estas líneas la creación de un modelo de información digital para el inventariado, clasificación, geolocalización y representación 3D de sitios históricos mediante la integración de herramientas de Sistemas de Información Geográfica (SIG) y la metodología de Modelado de Información de Construcción (BIM).

En los últimos años se ha reconocido la importancia de la cartografía cultural como un método para la planificación y gestión cultural utilizado en la preservación, análisis y difusión de bienes culturales tangibles e intangibles. En este contexto, las herramientas SIG permiten el almacenamiento, la organización y el análisis de datos georreferenciados mediante la asociación de información digital cartográfica y de datos alfanuméricos. Por ello, en la actualidad se vienen desarrollando diversos proyectos de patrimonio cultural que utilizan estas tecnologías, los cuales abarcan desde el reconocimiento y registro de grandes volúmenes de datos de entidades patrimoniales para ser gestionadas y visualizadas de manera eficiente, así como la incorporación de estas herramientas en la enseñanza de Historia en la educación media, hasta complejos análisis espaciales de los elementos patrimoniales en relación a otros elementos del territorio para su aplicación en los sectores del turismo y de la planificación patrimonial.

Por otra parte, el modelo BIM se utiliza en la generación y gestión de proyectos arquitectónicos colaborativos desde sus distintas dimensiones de desarrollo a partir de una base de datos inteligente que se actualiza a tiempo real según las modificaciones del proyecto durante todo su ciclo de vida. Esta metodología combina el modelado en tres dimensiones con una una base de datos técnicos del edificio, por lo cual es posible realizar un seguimiento de los sitios históricos durante su evolución y facilitar consultas a tiempo real sobre datos constructivos y estado de conservación de los mismos. Esta tecnología se viene utilizando en proyectos de restauración, estrategias de conservación preventiva y difusión del patrimonio histórico.

Esta propuesta tiene por objetivo centralizar los datos de los sitios históricos de la Comunidad Valenciana en un solo sistema de información. En este sentido es preciso mencionar que recientemente las empresas Esri (SIG) y Autodesk (BIM) han iniciado acuerdo de colaboración para potenciar y optimizar el uso de estas tecnologías en conjunto, por lo cual es posible integrar los datos de ambas en un solo sistema.

El proyecto se desarrolla en tres escalas de implementación. La primera consiste en integrar y catalogar las bases de datos de patrimonio cultural provenientes de diversas fuentes en un solo SIG, el cual servirá para la organización y gestión de la información, así como para la creación de visores cartográficos y otras herramientas de visualización. Asimismo, a esta escala, mediante estudios basados en un enfoque transdisciplinar, es posible establecer relaciones entre el patrimonio cultural edificado, el territorio y la sociedad para la valorización y planificación de estos bienes. La segunda escala consiste en el modelamiento de entornos virtuales para la visualización de edificios históricos utilizando herramientas BIM, los cuales se utilizarán para documentación y estudio de los mismos, así como para la obtención de datos para su mantenimiento, prevención e intervención. A partir de estos sistemas, en una tercera escala, se propone la creación de plataformas web y aplicaciones móviles interactivas, así como introducir tecnologías de realidad aumentada y virtual para fomentar la difusión, el aprendizaje y la participación ciudadana en relación al patrimonio cultural edificado.

Aportación de la Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ de ICC a la consulta formulada -a través de Ametic- por la Comisión Europea-DG Connect Unit G2, sobre herramientas TIC que necesitará el sector del Patrimonio Cultural en 2022, de cara a redactar el próximo programa marco (FP9).

La arquitecta Mónica Copaja/ Imagen: Universidad de Lima
 Mónica Copaja/ Imagen: Universidad de Lima

MÓNICA COPAJA

Agencia de la Innovación e industrias culturales

Las industrias culturales y creativas (ICC) –de acuerdo con uno de los conceptos comúnmente admitidos– se pueden definir como las actividades que tienen como objeto la producción, la promoción, la difusión y la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial que generan activos de propiedad intelectual. Estas industrias, consideradas como el «centro de la economía creativa», son una actividad que abarca los ámbitos de economía, cultura y tecnología, focalizándose en la importancia de los servicios y del contenido creativo. Su materia prima es la capacidad para imaginar e innovar y se trata de un mercado en pleno crecimiento.

Agencia de la Innovación e industrias culturales/ diario Información.
Agencia de la Innovación e industrias culturales/ Diario Información.

Un reciente informe de la Unesco ponía de manifiesto que las ICC registran más puestos de trabajo que las empresas de automóviles europeas, japonesas y norteamericanas juntas, al emplear casi 30 millones de personas (uno por ciento de la población mundial). Europa ocupa el segundo lugar en el mercado mundial de este sector, alcanzando el 4’2% del PIB y da trabajo a siete millones de personas (un 3,3% de empleo europeo).

El conseller de Cultura, Vicent Marzà, presentaba –hace poco más de dos años– el Plan Estratégico Cultural Valenciano para el periodo 2016-2020, que incluye un considerable número de importantes medidas, unas ya adoptadas y otras todavía pendientes de implementar. Me gustaría destacar alguna de ellas: incentivos para programas individualizados de formación en competencias, dirigido a los agentes participantes en los sectores de las artes visuales, el diseño y la arquitectura; creación de un programa de bonus a empresas valencianas para la contratación de servicios creativos (diseño, producción audiovisual, servicios de valor añadidos basados en las TIC, gaming?); programa de financiación en condiciones favorables para promover el incremento de la dimensión media de las empresas; y coordinar la administración de Cultura con la Agencia Valenciana de la Innovación para el impulso de propuestas innovadoras en los sectores culturales y creativos.

Y aquí me quedo, porque este mismo mes se ha publicado en el DOGV el decreto 9/2018 que establece las bases reguladoras para la concesión de ayudas en materia de fortalecimiento y desarrollo del Sistema Valenciano de Innovación para la mejora del modelo productivo. A ellas habrán de ajustarse las sucesivas convocatorias que realice la Agencia Valenciana de la Innovación y que abarcarán líneas como la promoción del talento, agentes de innovación, incorporación de investigadores y tecnólogos y doctorandos empresariales para proyectos de innovación en empresas, así como valorización y transferencia de resultados de investigación a las empresas y proyectos estratégicos en cooperación. En cuanto a la tipología, serán subvencionables los proyectos de desarrollo experimental que comprendan la creación de prototipos, la demostración, la elaboración de proyectos piloto, el ensayo y la validación de productos, procesos o servicios anejos o mejorados en entornos representativos de condiciones reales de funcionamiento, siempre que el objetivo principal sea aportar nuevas mejoras técnicas a productos, procesos o servicios.

Aunque, de momento, en la normativa nada específico se dice de las industrias culturales, debemos confiar en la visión del vicepresidente ejecutivo de la AVI, Andrés García Reche, y su competente equipo, para tener en cuenta las demandas de este importante sector. Sobre todo cuando en el Análisis de la ocupación y prospectiva de las necesidades formativas de los sectores culturales y creativos en la Comunidad Valenciana, elaborado por Econcult de la Universidad de Valencia, se prevé un crecimiento de 2.000 puestos de trabajo al año en la Comunidad Valenciana, en un sector de elevada precariedad.

Este estudio, dirigido por el profesor Pau Rausell, es una excelente radiografía actual del empleo cultural valenciano, con sus retos, fortalezas y urgencias, entre las que no son menores las necesidades formativas. Urgía en su presentación el director del estudio a que se realicen políticas que favorezcan entornos para preparar adecuadamente estos sectores. Y destaca en el estudio la necesidad de políticas públicas que potencien el apoyo y la inversión en activos intangibles, proponiendo como mecanismo eficaz la formación de asociaciones y consorcios entre la comunidad creativa, la industria, las instituciones creativas y los organismos de promoción del empleo. Finalmente, identifica también el informe una serie de capacidades y competencias para el sector: transformación digital; gestión de las empresas y diseño de proyectos; internacionalización; relación entre ciencia, arte y cultura; generación y gestión de la innovación?

En base a todo ello, parece que, efectivamente, es el momento oportuno para que Conselleria de Cultura y Agencia Valenciana de Innovación acierten a coordinar un programa específico que impulse definitivamente el sector de las ICC valencianas, como ya hicieron anteriormente –con decisión y sentido estratégico– otras comunidades españolas.

Juan José Sánchez Balaguer/ Diario Información (30/06/18).

 

La cultura, un sector en plena evolución digital

 

La nueva era digital ha transformado por completo los modelos de negocio que ya conocíamos; medios de comunicación, organizaciones y otras instituciones económicas y políticas han visto sus estructuras empresariales cambiar por completo. La pregunta es si estos modelos se han visto reforzados o perjudicados con la aparición de Internet y de las nuevas tecnologías.

El sector cultural no ha sido una excepción, ahora más que nunca los usuarios están conectados, reciben gran cantidad de información que no pueden procesar. Por lo que crearse una marca propia con un estilo definido y concreto será lo que diferencie una buena empresa de lo común.

 

música

 

La industria musical ha sido una de las que más cambios ha presentado; los CD y los vinilos ya no son la principal fuente de ingresos, ahora lo que se lleva es el soporte digital (YouTube, Spotify o Vevo). La música streaming y las descargas generaron 152,4 millones de euros en España el año pasado. Mientras que, la parte física del sector no superó los 79,2 millones.

El sector televisivo también se ha visto enormemente influenciado por Internet y las plataformas streaming. Mucha más gente prefiere ver los contenidos de forma online, y Netflix como alternativa a las series y folletines tradicionales. Según las cifras disponibles, más de 117 millones de personas estaban abonadas a Netflix el año pasado.

En lo que respecta al sector del libro, todavía siguen siendo mayoría las personas que optan por el modelo de lectura tradicional, el libro. Sin embargo, las grandes compañías como La Casa del Libro y Amazon arrebatan gran parte de la clientela a las librerías físicas de toda la vida.

En cuanto a las personas que eligen el modelo digital de lectura, la mayoría de ellos optan por las tabletas (32,8%) y los móviles (20,2%). A su vez, el uso de los ereaders se mantiene estable, su utilización representa menos de un 10%.

 

digitalización

 

Según el estudio “Mapping the creative value chains – a study on the economy of culture in the digital age”, llevado a cabo por la Comisión Europea, las industrias culturales y creativas están organizadas cada vez más en los denominados ‘mercados bilaterales’, plataformas económicas que cuentan con dos grupos de usuarios diferentes que se proporcionan beneficios en la red de forma conjunta. Un buen ejemplo de ello podría ser el de las consolas de los videojuegos, donde consumidores y programadores tienen un papel equilibrado.

La digitalización ha supuesto un antes y un después en el ecosistema de las industrias culturales y creativas. No solo ha cambiado la forma de consumir el producto, sino también su elaboración y difusión. Además, han entrado a formar parte del mercado nuevos canales de comunicación como son las redes sociales, gran parte del contenido que se elabora es distribuido por Twitter, Facebook y otras plataformas, herramientas que posibilitan una mayor interacción con los clientes.

Andrea Reinosa de la Fuente