El poder del color naranja en Iberoamérica

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Cuando pensamos en la riqueza que se genera en los países latinoamericanos se nos vienen a la mente mujeres y hombres de traje y corbata, grandes inversores de café, ron, cerveza, tequila u otros negocios… Pero, entonces, estamos infravalorando la conocida “economía creativa”, un sector que envuelve todo aquello que tiene que ver con el conocimiento y el proceso por el cual se genera una idea. El concepto hace bastante hincapié en la industria cultural (teatro, cine, música, diseño, videojuegos, gastronomía etc.), aunque también forma parte de este, la economía del conocimiento (educación, investigación y tecnología, entre otros…).

economia naranja
La economía creativa es también conocida con el nombre de economía ‘naranja’ debido a que la mayor parte de actividades que forman parte de ella están destinadas a la población joven y el ‘naranja’ es el color de la felicidad y de la juventud.

Según la publicación “Tiempos culturales: El primer mapa mundial de las industrias culturales y creativas” (2015), el sector naranja genera cada año 2,25 billones de dólares, lo que supone el 3% del PIB mundial, y dan empleo a 29,5 millones de personas (1% de la población activa del mundo). Los ingresos de las industrias culturales y creativas superan a los de los servicios de telecomunicaciones y suponen más puestos de trabajo que los de la industria automovilística de Europa, Japón y Estados Unidos en su conjunto.

John Howkins, el escritor de “The Creative Economy” y también conocido como el padre de la economía naranja definió esta como una economía en la que la gente dedica la mayor parte de su tiempo a generar ideas en una sociedad que está en constante compraventa de conocimiento. Todo lo contrario, a la persona trabajadora ordinaria que se dedica a pasar de 4 a 8 horas en una oficina delante de un ordenador, haciendo el mismo trabajo de forma automática día tras día. Es una economía que genera ideas en el momento más inesperado ya sea saliendo a pasear, tomando una copa, charlando con un amigo o viendo la tele.

En Iberoamérica han sabido valorar esta economía emergente y sacar buen provecho de las industrias culturales. Las ideas más creativas e innovadoras han hecho crecer la economía de países como Colombia, Brasil, España, Argentina y Venezuela. El estudio ‘Public Policies for Creativity and Innovation: Promoting the Orange Economy in Latin America and the Caribbean’ realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo muestra que la economía naranja dejó una aportación de un 2,2% al PIB de la región latinoamericana. Además de contribuir a una subida del empleo de más de un 5%, llegando al 7% en algunos de estos países.

En el caso de España, una de las industrias que más dinero mueve es la musical, en concreto los 850 festivales que se celebran al año. Entre los más populares están ‘Viña Rock’, ‘Primavera Sound’, ‘Sónar’, y el ‘Bilbao BBK Live’, entre otros. Más de dos millones de personas se desplazan a lo largo de todo el año en busca de los espectáculos más cañeros del país. Las administraciones públicas calculan que los beneficios de los cuatro principales festivales musicales españoles ascienden ya a 70 millones de euros al año.

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Si hablamos de Brasil no podemos evitar pensar en el famoso carnaval de Río de Janeiro, que albergó alrededor de unos 400.000 turistas de diferentes partes del mundo este año. A pesar de las críticas recibidas por la falta de presupuestos, el Carnaval 2018 tuvo un impacto de 3,6 millones de dólares concentrados principalmente en las ciudades de Río de Janeiro, Salvador, Recife, Olinda, Belo Horizonte y Sao Paulo.

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En cuanto a Argentina 1 de cada 10 puestos de empleo se deben a las industrias culturales y creativas, lo que representa el 3% del PIB del país. Algunos ejemplos de empresas que siguen este modelo de economía naranja son la empresa Etermax, creadores del famoso videojuego ‘Preguntados’, o la compañía multimedia Posibl. que produce y distribuye contenidos de impacto social.

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La economía creativa es un sector que se encuentra en pleno crecimiento y cuyos valores predominantes son la iniciativa y la innovación, algo a lo que podemos añadir como herramientas las nuevas tecnologías que contribuyen a su desarrollo y difusión en este gran mercado al que denominamos ‘mundo’. Nos encontramos ante un nuevo fenómeno mundial repleto de valor cultural.

 

Andrea Reinosa de la Fuente

 

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