Hacia un estatuto del artista y el profesional de la cultura

En febrero del pasado año, el Congreso de los Diputados (a propuesta del grupo parlamentario Unidos Podemos-En Común-En Marea) aprobó la creación, en el seno de la Comisión de Cultura, de una subcomisión encargada de preparar la propuesta para la elaboración de un Estatuto del Artista y del Profesional de la Cultura, adaptado a las necesidades específicas del sector y sus profesionales por cuenta propia y ajena. Durante casi año y medio comparecieron en la Cámara Baja expertos y representantes de colectivos de trabajadores que expusieron ampliamente a los portavoces de los distintos grupos parlamentarios sus inquietudes y aspiraciones, entre las que destacan fiscalidad, protección laboral, jubilación activa y transición profesional.

Partiendo del hecho de que los soportes y condiciones materiales de la cultura se transforman de manera continua, los trabajos realizados por la subcomisión ofrecen una agenda legislativa de avance social en materia de derechos, obligaciones y oportunidades, con vocación de traducirse en cambios legislativos efectivos. Y el pasado mes de junio, por unanimidad de sus miembros, la Comisión de Cultura del Congreso aprobó el informe final, en el que se reconoce la histórica reivindicación de la especificidad del trabajo de creadores, artistas y profesionales de la cultura. Se trata –como se dice en las conclusiones- de aprovechar la oportunidad de ponerse a la altura del cambio social y tecnológico, tanto en lo laboral y fiscal como en materia de propiedad intelectual. Asimismo, se considera que vocación y profesión deben ir de la mano en derechos y obligaciones, y que la vocación no debe convertirse en excusa para tener menos oportunidades o trabajar en peores condiciones. Porque tiene que ser posible en este sector, que cuenta con altas tasas de precariedad, dedicarse profesionalmente a la cultura, poder vivir de ella, sin olvidar la vieja aspiración de compatibilizar la percepción de prestaciones públicas con ingresos por derechos de propiedad intelectual y actividades creativas.

Con este proyecto de Estatuto, por fin se ha dado presencia pública al trabajo cultural mediante su inclusión en la agenda política. El Congreso de los Diputados reconoce la necesidad de buscar un marco legal, laboral y fiscal que proteja realmente a los creadores. Se ha visibilizado la situación del sector y, en definitiva -como considera la actriz, directora teatral y diputada valenciana de Unidos Podemos-En Comú Podem, Rosana Pastor, que ha participado activamente en el proceso-, «se ha conseguido el mejor Estatuto del Artista posible».

En efecto, el informe aprobado plantea una serie de propuesta y recomendaciones, tales como: ajustar la fiscalidad a la actividad profesional intermitente y de ingresos irregulares propia del sector; crear un régimen específico de la Seguridad Social, tanto dentro del régimen general como en el de autónomos; garantizar el efectivo derecho de los profesionales de la cultura a estar debidamente representadas sindicalmente; impulsar medidas contra la precarización de los servicios de orientación y educación en los espacios culturales; impulsar el fomento de la creatividad artística a través de cooperativas de trabajo asociado de músicos, escritores, ilustradores, guionistas, actores, asuntos fiscales, tributarios y laborales, así como la compatibilidad de derechos de autor con la pensión, la situación socio-laboral de los artistas en espectáculos públicos y el futuro de las enseñanzas artísticas. En este sentido, se hace especial hincapié en las transiciones profesionales, teniendo en cuenta que los artistas se caracterizan por unos itinerarios vitales atípicos y carreras profesionales cortas.

Mediante los programas de apoyo a la transición profesional de los artistas, el proyecto de Estatuto busca también conseguir que –como ocurre en algunos casos- dejen de ser personas en riesgo de exclusión social. Así, se propone potenciar las posibilidades de empleabilidad y movilidad de estos artistas con medidas de soporte psicológico, asesoría laboral y apoyo a la educación. Para ello, habrán de tenerse en cuenta las particularidades ligadas a la edad y la necesaria inclusión de los perfiles profesionales de los creadores escénicos en el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales, a fin de que los trabajadores de este colectivo puedan acceder a procesos de evaluación y reconocimiento de competencias, como ocurre con el resto de profesiones.

El Estatuto del Artista y del Profesional de la Cultura pretende contemplar –así consta en las conclusiones del informe- la situación de quién crea la obra y para hacerlo debe formarse e investigar, quién diseña el escenario, quién lo ilumina, quién escribe la música y quién la ejecuta, quién la promueve, quién ilustra un poema y quién lo recita, quién comisaría el conjunto, quién lo hace llegar al público y, en general, quién sostiene o gestiona todo el proceso con su trabajo visible, invisible o ambos a la vez. Porque «todas estas personas son indispensables para disfrutar de una obra de teatro, una exposición, un libro, una película, una ópera, un concierto».

Cuando el documento se someta –ya a partir de septiembre- a la aprobación del pleno del Congreso de los Diputados, se habrá dado un paso histórico. Todavía quedará mucho recorrido por delante, puesto que la vigencia del Estatuto precisa de nuevas disposiciones reglamentarias que afectan a distintos departamentos ministeriales. Y el gobierno deberá adoptar algunas medidas previas como la creación de una entidad o comisión interdepartamental que se ocupe del establecimiento, gestión y control de programas de fomento de la transición profesional, órgano para el que se solicita una dotación presupuestaria suficiente. La reciente creación de un Ministerio de Cultura específico puede contribuir, sin duda, al impulso de esta vieja aspiración de los artistas y profesionales de la cultura.

 

Juan José Sánchez Balaguer/ Diario Información (20/07/18).

La cultura, un sector en plena evolución digital

 

La nueva era digital ha transformado por completo los modelos de negocio que ya conocíamos; medios de comunicación, organizaciones y otras instituciones económicas y políticas han visto sus estructuras empresariales cambiar por completo. La pregunta es si estos modelos se han visto reforzados o perjudicados con la aparición de Internet y de las nuevas tecnologías.

El sector cultural no ha sido una excepción, ahora más que nunca los usuarios están conectados, reciben gran cantidad de información que no pueden procesar. Por lo que crearse una marca propia con un estilo definido y concreto será lo que diferencie una buena empresa de lo común.

 

música

 

La industria musical ha sido una de las que más cambios ha presentado; los CD y los vinilos ya no son la principal fuente de ingresos, ahora lo que se lleva es el soporte digital (YouTube, Spotify o Vevo). La música streaming y las descargas generaron 152,4 millones de euros en España el año pasado. Mientras que, la parte física del sector no superó los 79,2 millones.

El sector televisivo también se ha visto enormemente influenciado por Internet y las plataformas streaming. Mucha más gente prefiere ver los contenidos de forma online, y Netflix como alternativa a las series y folletines tradicionales. Según las cifras disponibles, más de 117 millones de personas estaban abonadas a Netflix el año pasado.

En lo que respecta al sector del libro, todavía siguen siendo mayoría las personas que optan por el modelo de lectura tradicional, el libro. Sin embargo, las grandes compañías como La Casa del Libro y Amazon arrebatan gran parte de la clientela a las librerías físicas de toda la vida.

En cuanto a las personas que eligen el modelo digital de lectura, la mayoría de ellos optan por las tabletas (32,8%) y los móviles (20,2%). A su vez, el uso de los ereaders se mantiene estable, su utilización representa menos de un 10%.

 

digitalización

 

Según el estudio “Mapping the creative value chains – a study on the economy of culture in the digital age”, llevado a cabo por la Comisión Europea, las industrias culturales y creativas están organizadas cada vez más en los denominados ‘mercados bilaterales’, plataformas económicas que cuentan con dos grupos de usuarios diferentes que se proporcionan beneficios en la red de forma conjunta. Un buen ejemplo de ello podría ser el de las consolas de los videojuegos, donde consumidores y programadores tienen un papel equilibrado.

La digitalización ha supuesto un antes y un después en el ecosistema de las industrias culturales y creativas. No solo ha cambiado la forma de consumir el producto, sino también su elaboración y difusión. Además, han entrado a formar parte del mercado nuevos canales de comunicación como son las redes sociales, gran parte del contenido que se elabora es distribuido por Twitter, Facebook y otras plataformas, herramientas que posibilitan una mayor interacción con los clientes.

Andrea Reinosa de la Fuente