Bitácora

CREATIVE INDUSTRIES GLOBAL CONFERENCE 2019 (CIGC-19)

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El 24 y 25 de octubre de 2019 se celebra la Segunda edición de la “Creative Industries Global Conference”, en la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Orihuela. Organizado por la Cátedra Iberoamericana Alejandro Roemmers de Industrias Culturales y Creativas de la Universidad Miguel Hernández.

Esta Edición tiene como eje central la transformación digital de las industrias culturales y creativas y tiene como objetivo, presentar a partir de la intervención de expertos y expertas, diversas experiencias, investigaciones, casos o estudios sobre el tema.

Además, este segundo Congreso sobre Industrias Culturales y Creativas pretende ser una plataforma a través de la cual se fomente la creación de proyectos de investigación conjunta, ya que está compuesta tanto por académicos y académicas de Iberoamérica como de la Unión Europea, de modo que se convierta en una magnífica oportunidad para difundir y compartir el conocimiento y las propuestas investigativas entres distintos países.

Las áreas temáticas sobre las que versará este congreso, dentro del ámbito de las Industrias Culturales y Creativas, son: la transformación digital, el comportamiento del consumidor, estrategias de dirección y gestión, el audiovisual y el software, el diseño, la música, herencia y turismo culturales, otras industrias culturales y creativas como la literatura, moda, arquitectura, calzado, juguetes y gastronomía y aspectos jurídicos y sociales de estas industrias.

Para más información acceder a la web oficial del congreso a través del siguiente link: https://creativeindustriesglobalconference.es/

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Call for papers en Inglés:

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Jornada Cibervoluntarios

La Cátedra Iberoamericana Alejandro Roemmers de Industrias Culturales y Creativas promueve y gestiona la realización de distintos programas de actividades dentro del marco del convenio de la Fundación Cibervolutarios y la Universidad Miguel Hernández.  El martes 12 de marzo de 2019 a las 16:00 horas tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Orihuela un taller de la Fundación Cibervoluntarios impartido por Alba Bailón Mangas. Esta Fundación es una entidad sin ánimo de lucro compuesta por emprendedores sociales que promueve el uso y conocimiento de las nuevas tecnologías como medio para paliar brechas sociales, generar innovación social y propiciar el empoderamiento ciudadano.

Los cibervoluntarios ofrecen asesoramiento y formación gratuita a personas que por razones de género, edad, entorno profesional, educativo, falta de recursos materiales o económicos u otros se encuentran en riesgo de exclusión sociodigital.

La actividad se enmarca dentro del programa de la Semana Cultural que organiza la Delegación de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Orihuela y pretende dar a conocer la labor de la Fundación entre los estudiantes del Grado en Administración y Dirección de Empresas y el Grado en Ciencias Políticas y Gestión Pública.

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PRESENTADO EN CASA DE AMÉRICA EL LIBRO “LAS INDUSTRIAS CULTURALES Y CREATIVAS: EVOLUCIÓN Y PERSPECTIVAS”

Es la primera publicación de la Cátedra Iberoamericana “Alejandro Roemmers”

En Casa de América de Madrid se ha presentado el libro Las industrias culturales y creativas: evolución y perspectivas, editado por la Cátedra ‘Alejandro Roemmers’ de Industrias Culturales y Creativas (UMH), y coordinado por Juan José Sánchez Balaguer, Santiago Arroyo Serrano, José Francisco Parra Azor y Antonio J. Verdú Jover.

Asistieron al acto el embajador de Nicaragua en España, el escritor Carlos E. Midence y otros representantes diplomáticos iberoamericanos, así como directivos del Ministerio de Cultura, de otras instituciones, el alcalde de Orihuela, Emilio Bascuñana, y el concejal de Industria y Modernización, Miguel Ángel Fernández. También han estado presentes el presidente del Círculo Intercultural Hispano Árabe, Abdo Tounsi; el secretario académico de la Cátedra IARICC, José Francisco Parra Azor, y la presidenta de la Asociación España Creativa, Belén Díaz, entre otros miembros de entidades culturales.

Durante la presentación, Luz Amparo Medina ha hecho hincapié en la necesidad de dedicar un mayor esfuerzo y compromiso de los países al ámbito cultural. Asimismo, ha destacado la importancia de profundizar en la aplicación de la Carta Cultural Iberoamericana (CCI), un proyecto político que sienta las bases para la estructuración del Espacio Cultural Iberoamericano (ECI) e impulsa la cooperación cultural en la región, promoviendo la diversidad cultural y la protección del acervo cultural iberoamericano.

En este sentido, la Directora General de Cultura de la OEI ha destacado la labor que este organismo viene realizando en materia cultural, como por ejemplo,  el Observatorio Iberoamericano de Cultura (OIBC), una iniciativa creada a partir de las Conferencias Iberoamericanas de Cultura que tiene como fin fomentar espacios de cooperación cultural basados en la recopilación, sistematización y difusión de la cultura.

Por su parte, la directora general de Industrias Culturales y Cooperación (Ministerio de Cultura) comenzó su intervención agradeciendo a la Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ su invitación para intervenir en la presentación del libro y manifestó el apoyo que su dirección general presta al fomento y modernización de las ICC como un sector estratégico para el crecimiento económico y para el empleo. “Quiero remarcar esta idea –señaló Adriana Moscoso-, porque muchas veces existen concepciones erróneas sobre las ICC. Muchos se quedan en el valor de lo cultural como creador de valores y de cohesión social, obviando su importancia económica y resaltando su carácter vocacional. Estos son aspectos a los que, desde luego, el Ministerio da la máxima importancia. Pero queremos decir alto y claro que las ICC son también una profesión, y que, además, su potencial para la generación de riqueza y empleo es mayor que el de otros sectores”. Para reforzar este punto, la directora general recordó que en 2016, la contribución al PIB de las ICC, según la cuenta satélite de la Cultura 2016 fue de un 2,5%. Y si se considera el conjunto de actividades económicas vinculadas con la propiedad intelectual, la contribución fue de un 3,3%. Y en lo que se refiere al empleo cultural en 2017, ascendió a 687.200 personas, lo que significa un 3,7% del empleo global. El incremento interanual ha sido de un 4,7%, lo que es más que significativo del valor estratégico de las ICC y de su potencial para la creación de empleo, que resulta cada vez más reducido en otros sectores.

Agregó Moscoso que este potencial de las ICC ha sido advertido hace tiempo por las instancias internacionales. Y, coincidió con el resto de ponentes, en que Iberoamérica existen iniciativas muy interesantes, como la estrategia del nuevo gobierno colombiano de la Economía Naranja, que están creando cada vez una mayor riqueza y diversidad cultural dentro de nuestra comunidad iberoamericana. Pero, para Adriana Moscoso, este potencial no se queda ahí. Y es que las ICC, por su valor simbólico, generan un “efecto arrastre”, que fomenta el crecimiento de otras áreas económicas como el turismo: crean e inspiran tecnologías y servicios digitales. Y producen beneficios para la educación, la inclusión y la innovación social. En definitiva, crean una marca-país con sinergias positivas para otros muchos sectores.

Por su parte, Enrique Vargas afirmó que la institucionalidad cultural iberoamericana ha estado comprometida con la cultura y el desarrollo sostenible desde sus diferentes ámbitos y, en este sentido, múltiples manifestaciones de las Conferencias de Ministros de Cultura de la región han plasmado ese compromiso, incluido en las acciones y desarrollos de los programas de cooperación. Desde esta visión de conjunto, y considerando al Espacio Cultural Iberoamericano en sus ejes estratégicos (cultura, desarrollo y promoción del diálogo de políticas culturales y la integración regional), se propone orientar el futuro informe bianual en tres direcciones: convergencias, transversalidad e interacción.

A modo de ejemplo, Vargas citó programas como el Observatorio de Cultura, la formulación de indicadores y elaboración de cuentas satélite, los emprendimientos en las industrias culturales y creativas o los programas de movilidad de artistas y gestores culturales y el intercambio de buenas prácticas incluidos en la agenda de trabajo de la OEI, avances significativos que, articulados con las experiencias que en la misma línea, vienen desarrollando los programas de cooperación cultural bajo la coordinación y liderazgo de la SEGIB lo que permitirá cruzar información, analizar impactos y visibilizar realizaciones compartidas.

En igual sentido, valoró Enrique Vargas la convergencia de la agenda del Espacio Cultural con las actividades que realiza la Organización Internacional de la Juventud (OIJ), máxime a partir de la aprobación en Cartagena de Indias del Pacto Interamericano de Juventud, acuerdo programático que reconoce la centralidad de la participación de los jóvenes en la consecución de las Metas y Objetivos 2030. Y subrayó los principios rectores del Espacio Cultural Iberoamericano: “Transversalidad en relación a los otros espacios del sistema como el Espacio del Conocimiento (EIC), el Espacio de Cohesión Social, el Programa de Fortalecimiento de la Cooperación Sur-Sur y Triangular PFCSSYT). Reconocer el valor de la Carta Cultural Iberoamericana de 2006. Fortalecer el diálogo sobre políticas culturales en la región como un elemento que contribuye a la integración regional. Contribuir al desarrollo de una economía de la cultura en la región de alto valor añadido. Convertir el conjunto de afinidades históricas y culturales en un instrumento de unidad y desarrollo, basado en el diálogo, la cooperación y la solidaridad”.

El acto se inició con la intervención del codirector de la Cátedra, Juan José Sánchez Balaguer, quien explicó que el libro hace un recorrido por los veintidós países iberoamericanos, a través de los textos de especialistas que ofrecen una visión actual de las ICC y muestran el estado de la cuestión y los retos del sector para la puesta en marcha de proyectos en cooperación. A través de estas páginas, se aproxima al lector a la evolución y panorámica actual de la situación desigual y perspectivas del sector, sus puntos fuertes y débiles, amenazas y oportunidades en el desarrollo de la economía creativa en cada uno de los países. Además –subrayó-  la obra contribuye a la creación de una red de trabajo para la consolidación del Espacio Cultural Iberoamericano, estableciendo puentes que permitirán compartir información e iniciativas, y fomentar la colaboración y cooperación a través de adecuadas estrategias de difusión.

A continuación, hizo uso de la palabra Norman García-Paz, embajador de Honduras y decano del grupo de embajadores de América Latina y el Caribe (GRULAC), acreditado en España, quien afirmó que tras estudiar conceptos relativamente nuevos como competitividad y competencia, estaba realmente sorprendido por el alcance del concepto de Industrias Culturales, muy interesante sin duda porque se refiere a las empresas e industrias que producen cultura con fines lucrativos. Expresó su satisfacción por el desarrollo que van alcanzando las industrias creativas en los distintos países iberoamericanos, tal y como se refleja en el libro, y concluyó afirmando que él estaba en la mesa presidencial por su condición de decano, pero quien realmente debería intervenir en el acto era el embajador de Nicaragua, Carlos Midence, dada su condición de intelectual y escritor reconocido.

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Presentación del libro “Las industrias culturales y creativas en Iberoamérica: evolución y perspectivas”

El acto, organizado por la Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ (UMH),  contará con la participación del Secretario General de la OEI y se celebrará el 13 de diciembre en la Casa de América (Madrid)

El próximo 13 de diciembre, a las 12 horas, en la Casa de América de Madrid, tendrá lugar el acto de presentación del libro Las industrias culturales y creativas en Iberoamérica: evolución y perspectivas, editado por la Cátedra Iberoamericana  ‘Alejandro Roemmers’ de Industrias Culturales (Universidad Miguel Hernández). Intervendrán en el acto el director de la Cátedra, Antonio José Verdú, y el secretario general de la OEI, Mariano Jabonero, que hablará sobre el contenido del libro.

En la publicación –de casi quinientas páginas- participan destacados especialistas en el ámbito de las Industrias Culturales y Creativas de todos los países de habla hispana, además de Portugal y Brasil. También cuenta con textos preliminares de Trinidad Zaldívar, jefa de Asuntos Culturales, Solidaridad y Creatividad del Banco Interamericano de Desarrollo; Rebeca Grynspan, secretaria general de la SEGIB; Mariano Jabonero, secretario general de la OEI; y Tibor Navacsics, comisario europeo de Educación, Cultura, Juventud y Deporte.

 

Esta obra colectiva –coordinada por Juan José Sánchez Balaguer, Santiago Arroyo Serrano, José Francisco Parra Azor y Antonio José Verdú Jover – cumple uno de los principales objetivos de la Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ como es mostrar la relevancia de la economía creativa en el ámbito iberoamericano desde la perspectiva mixta académico-profesional. El volumen reúne, por primera vez, los textos de especialistas que ofrecen una visión actual de las ICC en cada uno de los veintidós países iberoamericanos. A  través de estas páginas, se ofrece una aproximación a la panorámica actual de la situación desigual y perspectivas del sector, sus puntos fuertes y débiles, su evolución, y posibilidades de desarrollo de la economía creativa en el espacio iberoamericano.

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Los textos muestran el estado de la cuestión y los retos de las ICC para la puesta en marcha de proyectos en cooperación e implementación de ulteriores investigaciones sobre un sector que, como muestran todos los capítulos del libro, tiene potencial y un gran recorrido como base de la nueva economía.

Con esta publicación se pretende contribuir también a la creación de una red cuyos miembros trabajen coordinadamente para la consolidación del Espacio Cultural Iberoamericano, estableciendo puentes que permitan compartir información e iniciativas, y fomentar la colaboración y cooperación a través de adecuadas estrategias de difusión.

Acto presentación libro

 

LA CÁTEDRA ‘ALEJANDRO ROEMMERS’ PATROCINA UN PREMIO ESPECIAL DEL 8º MARATÓN DE EMPRESAS DE LA UMH

La Cátedra Iberoamericana ‘Alejandro Roemmers’ de Industrias Culturales y Creativas  concederá un premio especial destinado a proyectos de este ámbito, en la octava edición del Maratón de Creación de Empresas UMH que organiza el Parque Científico de la Universidad. El programa ‘Crea tu start-up ‘, que contempla fases de mentoring, formación práctica y espacio de trabajo, ayuda a diseñar y validar un modelo de negocio con itinerario formativo práctico e impartido por profesionales; herramientas ágiles para poner en marcha los proyectos; tutorización individualizada con menores expertos; y acceso a la red de expertos sectoriales del Parque  Científico de la UMH.

La financiación se desarrolla en dos etapas: en la primera se destinarán diez mil euros para las diez mejores iniciativas de negocio, además de dos premios especiales de mil euros. En la segunda etapa, se repartirán cincuenta mil euros entre los proyectos más innovadores y un premio especial de la  Fundación Levantina al mejor proyecto del sector de la piedra, además de dos premios especiales:  un mentoring en e-commerce, patrocinado por PlanetaHuerto.es y una consultoría en patentes y marcas, a cargo de Agilmark.

En la sesión inaugural han estado presentes el vicerrector de Planificación, Fernando Borrás y la directora gerente del Parque Científico y Empresarial, Tonia Salinas, así como representantes de las empresas y entidades patrocinadoras.

I Jornada Iberoamericana de Industrias Culturales y Creativas e Innovación Social

La Cátedra Iberoamericana Alejandro Roemmers de Industrias Culturales y Creativas organiza el próximo lunes 5 de noviembre la I Jornada Iberoamericana de Industrias Culturales y Creativas e Innovación Social en la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Orihuela. En ella, profesionales e investigadores de este sector en los ámbitos económico, político y social analizarán la situación actual y los retos a los que se enfrentan estas industrias en Iberoamérica. Asimismo, se creará un espacio de reflexión en torno al papel de la cultura como fuente de cambio personal e innovación social, los programas de la UNESCO y la red de ciudades creativas y su importancia económica y social, la transformación digital o el emprendimiento y el marketing cultural como herramientas de dinamización de estas industrias. La Asistencia libre hasta cubrir aforo, imprescindible inscribirse cumplimentando el siguiente formulario: https://goo.gl/forms/EoQtw936boSKk0qJ2

Lugar: Aula 2.4 de la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Orihuela

Hora comienzo: 9:45 h. Hora finalización: 18:00 h.

La asistencia a la actividad conllevará el reconocimiento de créditos

Programa I Jornada Iberoamericana

El mito de la identidad territorial a través de la fiesta y otras manifestaciones culturales

“Si continúan llegando inmigrantes a nuestra tierra desaparecerán nuestras señas de identidad y peligrará nuestra cultura…”, (Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat de Cataluña).
La cultura se define como “ese todo complejo que incluye costumbres y tradiciones, hábitos, lengua, creencias, sistema político, económico, fiestas, gastronomía, etc.”, o sea, el modo de vida de un pueblo. La cultura es el fundamento que configura la identidad de un territorio. Sin embargo los elementos culturales que construyen la identidad de cualquier colectivo, ni han existido siempre ni, en general, son exclusivos de ese ámbito y pueden desaparecer con el tiempo. Son a veces imitaciones de otros espacios socioculturales. Veámoslo en nuestra propia tierra, Callosa de Segura, pudiendo a continuación hacer una proyección de lo local a lo global.

Santuario de San Roque Callosa de Segura
Santuario de San Roque Callosa de Segura/ Ayuntamiento de Callosa

San Roque, seña de identidad por excelencia de Callosa de Segura, no llega hasta bien entrado el S. XV. La fiesta en su honor no es exclusiva de aquí; su imagen se venera en numerosas ciudades de España, Francia, Portugal, Italia, etc. Los Moros y Cristianos se celebran en Callosa desde los años setenta, según costumbre de otras ciudades de la provincia con más tradición, y ya no son exclusivos de Alicante ni de la Comunidad Valenciana, habiendo sobrepasado sus límites geográficos. “El farolico Venancio”, “Las demostraciones del cáñamo”, etc. forman parte de la fiesta desde hace unos años. “El chupinazo”, una exitosa aportación de la filá de Los Desterraos a la fiesta, es una copia importada de Los Sanfermines que ha sido acogida con entusiasmo. Otras manifestaciones festeras que tuvieron lugar en el pasado han desaparecido: a finales del S.XVIII (Monografías callosinas, núm. 5, pág. 116) habla de un desfile a la turca del gremio de los alpargateros que dejó de celebrarse, como también desapareció en la primera mitad del S.XX un “Bando de la Huerta” de Callosa, o “La Bolina”, jornada gastronómica de convivencia celebrada por noviembre en La Pilarica entre patronos, obreros y familiares. Por citar algunos casos festeros. En cuanto al sistema económico, a Callosa se la identificaba como la ciudad del cáñamo, “la mapa” del cáñamo en la Vega Baja, actividad que vertebraba aquella sociedad. Ese mundo desapareció. Después surgió una industria de redes y cordelería que, por su relevancia en el contexto nacional, también identifica a Callosa. La agricultura intensiva bajo plásticos, seña de identidad de Almería, que arrancó en los sesenta, se trasladó una década después a Mazarrón y Aguilas, quedando implantada posteriormente en Pilar de la Horadada y el campo de Cartagena en los años ochenta. Podríamos continuar con muchos otros ejemplos. En el caso de las lenguas, si deconstruyéramos la evolución semántica de muchas de ellas nos encontraríamos con una familia de idiomas o dialectos con un origen común y sin necesidad de llegar al indoeuropeo. En gastronomía, como el caso del “arroz y costra”, numerosos pueblos se disputan hoy frente a otros la paternidad de distintos platos emblemáticos.

Arroz con costra ilicitano/ Wikipedia
Arroz y costra / Wikipedia

Por todo lo anterior, legitimar la realidad de una identidad territorial teniendo como fundamento la existencia de una cultura propia, exclusiva, integrada por una serie de elementos culturales cambiantes y en continua reelaboración, nos parece más un atrevimiento que un argumento, un pretexto emocional más que una conclusión racional.

La afirmación de una identidad territorial implica un doble concepto de “exclusividad”, algo propio, único, un privilegio,  y de exclusión o excluyente en cuanto discriminación o rechazo. Es el “nosotros”, “lo nuestro”, “los de aquí”, frente a “los otros”, “los de fuera”, o sea, nosotros frente al mundo entero de los otros.  Esta discriminación por categorías en las relaciones humanas siempre ha existido: romanos-bárbaros, cristianos-gentiles, civilizados-salvajes (incluso los “buenos salvajes” de Rousseau), musulmanes-infieles, arios-semitas, etc. El dilatado arraigo de aquellos que constituyen el grupo identitario les conferiría una legitimidad en origen frente a “los de fuera”, o mestizajes sobrevenidos, jerarquizando así la sociedad en distintos niveles o grados de una supuesta “pureza étnica”.

Las identidades territoriales se construyen con una concepción individualista y supremacista desde los discursos del Poder. Porque el Poder no solo suscita adhesiones clientelares inquebrantables sino que, con Foucault, genera conocimiento, especie de trincheras ideológicas, a base de frases e ideas mil veces repetidas desde las estructuras de influencia.  Más aún, a través de potentes medios de propaganda de masas llegan a constituirse desde el Poder auténticos “sistemas de verdad”, un discurso políticamente correcto que aparenta una especie de legitimidad social. El sistema educativo, p.ej., que el Poder siempre quiere controlar, ha sido una forja de espíritus impregnados del discurso identitario a través de la exaltación y enardecimiento de las señas de identidad propias y el desprestigio de sus adversarios, vistiendo de emociones un sentimiento de pertenencia construido previa y conscientemente, escondiendo siempre objetivos interesados: acaparar cargos y poder, controlar presupuestos, monopolizar el discurso dominante, etc. Todas las guerras se fraguaron con este lenguaje dicotómico y frentista.

En esta línea, las imágenes que desde el Poder se proyectan sobre el propio grupo y sus instituciones contribuyen a una permanente e insistente construcción de la propia identidad, algo considerado “sagrado e inviolable”, aunque no sea compartido por todo el grupo. ¿Qué cosas comparte un señor de La Campaneta con uno de Bocairent, por ejemplo? O ¿uno de la gerundense Besalú con otro de las tierras bajas del Ebro? O ¿uno de Lequeitio con otro de la Rioja Alavesa? Pocas. No obstante a todos ellos se les atribuye la misma identidad oficial y la obligación de defenderla. La geografía política no coincide a veces con la geografía cultural que le da soporte porque la cultura derrite  a menudo  las fronteras geopolíticas, desbordándolas, avecinando pueblos con tradiciones compartidas aunque se hallen encuadrados en identidades territoriales diferentes.

Atribuir una identidad homogénea a cada territorio es un mito construido desde el Poder. “La Comunidad Valenciana, en lugar de reforzar una identidad periférica, consolida una identidad múltiple en la que se combinan elementos colectivos valencianos y españoles” (Castelló y Coller). No existen territorios con identidades homogéneas sino híbridas, eclécticas. Ni somos las personas clasificables por identidades homogéneas. Existen tantas identidades como individuos. Más aún, “cada persona tenemos nuestra propia identidad fracturada” (Albert Camús), al identificarnos con elementos culturales de todos los sitios por donde hemos pasado en la vida, con unos más que con otros pero que, al final, nuestra identidad personal es el resumen de toda nuestra experiencia de vida. Por ello, con Baumann (2001:61), convendría hablar más bien de identificaciones que de identidades: con qué cosas nos identificamos, sean del sitio que sean, mejor que definir la compleja identidad de cada persona y menos por decreto.

Museo del Cáñamo de Callosa de Segura/ Punto Radio Vega Baja
Museo del Cáñamo de Callosa de Segura/ Punto Radio Vega Baja

Si las culturas son constructoras de identidades, a su vez éstas son reivindicadas como acreditaciones para los nacionalismos y argumentos para los nacionalistas. Esto sería más peligroso porque, si bien la ecuación anterior cultura-identidad no pasa de ser una reivindicación cultural que, como concepto, podría quedar anclado y fusionado en el más amplio de “nacionalidad”, y con más razón si este lo contempla la constitución como distinto al de “nación”, establecer sin embargo una relación necesaria y vinculante entre identidad y nacionalismo es más peligroso porque en este caso la reivindicación no es cultural sino política, de poder, de soberanía que hoy, cinco siglos después, sigue conservando el mismo significado atribuido por su creador J. Bodin (1576), como “el poder absoluto y perpetuo de una República”. Para ello no se escatima en inventar una memoria selectiva, revolver y manipular la historia para desplegar toda una montaña de falsedades y reunir cualquier símbolo andrajoso del pasado hasta organizar todo un espectáculo de la confusión.

Autoinvestirse de poder legítimo una parte del Estado y pretender disputarle a éste el “poder absoluto y perpetuo” que legítimamente ejerce, poder inventado contra poder legítimo, nos llevaría indefectiblemente, nos ha llevado ya en multitud de ocasiones, a un escenario bélico. Basta con echar un vistazo a la historia para comprobar las innumerables páginas sangrientas escritas por esta clase de conflictos.

Las identidades, que son sistemas colectivos de significación de los seres humanos, no son “islas”, bloques compactos, herméticos e impenetrables, como sagradas Arcas de la Alianza que se transmiten de generación en generación, sino realidades que se desarrollan en contextos culturales complejos, no realidades estáticas e inmutables (lo que significaría una cosificación de la cultura), sino procesos sociales en permanente construcción. Las “sagradas señas de identidad”, por tanto, no constituyen la definición ontológica de un pueblo sino la expresión de su modo de vida en un momento histórico concreto.

San Roque, Patrón de Callosa de Segura/ Wikipedia
San Roque, Patrón de Callosa de Segura/ Wikipedia

Para terminar, debemos reiterar con el autor que La identidad como certeza está bastante cuestionada (Foucault, 1978:181-190). Ningún colectivo humano puede considerarse “único”, o superior porque todos son consecuencia de una evolución humana aleatoria e interrelacionada. Las “sagradas señas de identidad” no son, con frecuencia, exclusivas de un lugar sino copiadas, importadas de otros ámbitos y compartidas con otros grupos en un mundo cada día más globalizado, de comportamientos homogeneizados y, si se nos permite la expresión, cada vez más gregarios en el que tendemos todos a hacer lo mismo, compartiendo gustos parecidos en múltiples campos: moda, música, viajes turísticos, idiomas, cosmopolitismo, gastronomía, internacionalización de empresas, de marcas, consumismo… Existe la clara tendencia a universalizar una misma forma de vida. Las generaciones jóvenes actuales en especial se identifican más con la “cultura global” y, sin renunciar a sus raíces, dejan atrás la visión aldeana del pasado. No soportan el estrecho entorno en donde sus ancestros construyeron su identidad. Prefieren derribar barreras, explorar toda la complejidad del universo y poder conocer los diversos mundos que habitan en otros idiomas y en torno a otros altares. En ese empeño habrán evolucionado desde una identidad de aldea y campanario a una identificación con asuntos de su interés que puedan existir en cualesquiera de las 50.000 culturas existentes hoy en el mundo.

José Antonio Marín Caselles/ Antropólogo. Doctor por la UMH.

 

 

El poder del color naranja en Iberoamérica

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Cuando pensamos en la riqueza que se genera en los países latinoamericanos se nos vienen a la mente mujeres y hombres de traje y corbata, grandes inversores de café, ron, cerveza, tequila u otros negocios… Pero, entonces, estamos infravalorando la conocida “economía creativa”, un sector que envuelve todo aquello que tiene que ver con el conocimiento y el proceso por el cual se genera una idea. El concepto hace bastante hincapié en la industria cultural (teatro, cine, música, diseño, videojuegos, gastronomía etc.), aunque también forma parte de este, la economía del conocimiento (educación, investigación y tecnología, entre otros…).

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La economía creativa es también conocida con el nombre de economía ‘naranja’ debido a que la mayor parte de actividades que forman parte de ella están destinadas a la población joven y el ‘naranja’ es el color de la felicidad y de la juventud.

Según la publicación “Tiempos culturales: El primer mapa mundial de las industrias culturales y creativas” (2015), el sector naranja genera cada año 2,25 billones de dólares, lo que supone el 3% del PIB mundial, y dan empleo a 29,5 millones de personas (1% de la población activa del mundo). Los ingresos de las industrias culturales y creativas superan a los de los servicios de telecomunicaciones y suponen más puestos de trabajo que los de la industria automovilística de Europa, Japón y Estados Unidos en su conjunto.

John Howkins, el escritor de “The Creative Economy” y también conocido como el padre de la economía naranja definió esta como una economía en la que la gente dedica la mayor parte de su tiempo a generar ideas en una sociedad que está en constante compraventa de conocimiento. Todo lo contrario, a la persona trabajadora ordinaria que se dedica a pasar de 4 a 8 horas en una oficina delante de un ordenador, haciendo el mismo trabajo de forma automática día tras día. Es una economía que genera ideas en el momento más inesperado ya sea saliendo a pasear, tomando una copa, charlando con un amigo o viendo la tele.

En Iberoamérica han sabido valorar esta economía emergente y sacar buen provecho de las industrias culturales. Las ideas más creativas e innovadoras han hecho crecer la economía de países como Colombia, Brasil, España, Argentina y Venezuela. El estudio ‘Public Policies for Creativity and Innovation: Promoting the Orange Economy in Latin America and the Caribbean’ realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo muestra que la economía naranja dejó una aportación de un 2,2% al PIB de la región latinoamericana. Además de contribuir a una subida del empleo de más de un 5%, llegando al 7% en algunos de estos países.

En el caso de España, una de las industrias que más dinero mueve es la musical, en concreto los 850 festivales que se celebran al año. Entre los más populares están ‘Viña Rock’, ‘Primavera Sound’, ‘Sónar’, y el ‘Bilbao BBK Live’, entre otros. Más de dos millones de personas se desplazan a lo largo de todo el año en busca de los espectáculos más cañeros del país. Las administraciones públicas calculan que los beneficios de los cuatro principales festivales musicales españoles ascienden ya a 70 millones de euros al año.

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Si hablamos de Brasil no podemos evitar pensar en el famoso carnaval de Río de Janeiro, que albergó alrededor de unos 400.000 turistas de diferentes partes del mundo este año. A pesar de las críticas recibidas por la falta de presupuestos, el Carnaval 2018 tuvo un impacto de 3,6 millones de dólares concentrados principalmente en las ciudades de Río de Janeiro, Salvador, Recife, Olinda, Belo Horizonte y Sao Paulo.

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En cuanto a Argentina 1 de cada 10 puestos de empleo se deben a las industrias culturales y creativas, lo que representa el 3% del PIB del país. Algunos ejemplos de empresas que siguen este modelo de economía naranja son la empresa Etermax, creadores del famoso videojuego ‘Preguntados’, o la compañía multimedia Posibl. que produce y distribuye contenidos de impacto social.

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La economía creativa es un sector que se encuentra en pleno crecimiento y cuyos valores predominantes son la iniciativa y la innovación, algo a lo que podemos añadir como herramientas las nuevas tecnologías que contribuyen a su desarrollo y difusión en este gran mercado al que denominamos ‘mundo’. Nos encontramos ante un nuevo fenómeno mundial repleto de valor cultural.

 

Andrea Reinosa de la Fuente

 

Hacia un estatuto del artista y el profesional de la cultura

En febrero del pasado año, el Congreso de los Diputados (a propuesta del grupo parlamentario Unidos Podemos-En Común-En Marea) aprobó la creación, en el seno de la Comisión de Cultura, de una subcomisión encargada de preparar la propuesta para la elaboración de un Estatuto del Artista y del Profesional de la Cultura, adaptado a las necesidades específicas del sector y sus profesionales por cuenta propia y ajena. Durante casi año y medio comparecieron en la Cámara Baja expertos y representantes de colectivos de trabajadores que expusieron ampliamente a los portavoces de los distintos grupos parlamentarios sus inquietudes y aspiraciones, entre las que destacan fiscalidad, protección laboral, jubilación activa y transición profesional.

Partiendo del hecho de que los soportes y condiciones materiales de la cultura se transforman de manera continua, los trabajos realizados por la subcomisión ofrecen una agenda legislativa de avance social en materia de derechos, obligaciones y oportunidades, con vocación de traducirse en cambios legislativos efectivos. Y el pasado mes de junio, por unanimidad de sus miembros, la Comisión de Cultura del Congreso aprobó el informe final, en el que se reconoce la histórica reivindicación de la especificidad del trabajo de creadores, artistas y profesionales de la cultura. Se trata –como se dice en las conclusiones- de aprovechar la oportunidad de ponerse a la altura del cambio social y tecnológico, tanto en lo laboral y fiscal como en materia de propiedad intelectual. Asimismo, se considera que vocación y profesión deben ir de la mano en derechos y obligaciones, y que la vocación no debe convertirse en excusa para tener menos oportunidades o trabajar en peores condiciones. Porque tiene que ser posible en este sector, que cuenta con altas tasas de precariedad, dedicarse profesionalmente a la cultura, poder vivir de ella, sin olvidar la vieja aspiración de compatibilizar la percepción de prestaciones públicas con ingresos por derechos de propiedad intelectual y actividades creativas.

Con este proyecto de Estatuto, por fin se ha dado presencia pública al trabajo cultural mediante su inclusión en la agenda política. El Congreso de los Diputados reconoce la necesidad de buscar un marco legal, laboral y fiscal que proteja realmente a los creadores. Se ha visibilizado la situación del sector y, en definitiva -como considera la actriz, directora teatral y diputada valenciana de Unidos Podemos-En Comú Podem, Rosana Pastor, que ha participado activamente en el proceso-, «se ha conseguido el mejor Estatuto del Artista posible».

En efecto, el informe aprobado plantea una serie de propuesta y recomendaciones, tales como: ajustar la fiscalidad a la actividad profesional intermitente y de ingresos irregulares propia del sector; crear un régimen específico de la Seguridad Social, tanto dentro del régimen general como en el de autónomos; garantizar el efectivo derecho de los profesionales de la cultura a estar debidamente representadas sindicalmente; impulsar medidas contra la precarización de los servicios de orientación y educación en los espacios culturales; impulsar el fomento de la creatividad artística a través de cooperativas de trabajo asociado de músicos, escritores, ilustradores, guionistas, actores, asuntos fiscales, tributarios y laborales, así como la compatibilidad de derechos de autor con la pensión, la situación socio-laboral de los artistas en espectáculos públicos y el futuro de las enseñanzas artísticas. En este sentido, se hace especial hincapié en las transiciones profesionales, teniendo en cuenta que los artistas se caracterizan por unos itinerarios vitales atípicos y carreras profesionales cortas.

Mediante los programas de apoyo a la transición profesional de los artistas, el proyecto de Estatuto busca también conseguir que –como ocurre en algunos casos- dejen de ser personas en riesgo de exclusión social. Así, se propone potenciar las posibilidades de empleabilidad y movilidad de estos artistas con medidas de soporte psicológico, asesoría laboral y apoyo a la educación. Para ello, habrán de tenerse en cuenta las particularidades ligadas a la edad y la necesaria inclusión de los perfiles profesionales de los creadores escénicos en el Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales, a fin de que los trabajadores de este colectivo puedan acceder a procesos de evaluación y reconocimiento de competencias, como ocurre con el resto de profesiones.

El Estatuto del Artista y del Profesional de la Cultura pretende contemplar –así consta en las conclusiones del informe- la situación de quién crea la obra y para hacerlo debe formarse e investigar, quién diseña el escenario, quién lo ilumina, quién escribe la música y quién la ejecuta, quién la promueve, quién ilustra un poema y quién lo recita, quién comisaría el conjunto, quién lo hace llegar al público y, en general, quién sostiene o gestiona todo el proceso con su trabajo visible, invisible o ambos a la vez. Porque «todas estas personas son indispensables para disfrutar de una obra de teatro, una exposición, un libro, una película, una ópera, un concierto».

Cuando el documento se someta –ya a partir de septiembre- a la aprobación del pleno del Congreso de los Diputados, se habrá dado un paso histórico. Todavía quedará mucho recorrido por delante, puesto que la vigencia del Estatuto precisa de nuevas disposiciones reglamentarias que afectan a distintos departamentos ministeriales. Y el gobierno deberá adoptar algunas medidas previas como la creación de una entidad o comisión interdepartamental que se ocupe del establecimiento, gestión y control de programas de fomento de la transición profesional, órgano para el que se solicita una dotación presupuestaria suficiente. La reciente creación de un Ministerio de Cultura específico puede contribuir, sin duda, al impulso de esta vieja aspiración de los artistas y profesionales de la cultura.

 

Juan José Sánchez Balaguer/ Diario Información (20/07/18).