Nuevas tecnologías y propiedad intelectual

La libertad de acceso en la red da pie a que toda persona tenga la posibilidad ilimitada de acceso a múltiples y variadas fuentes de información, podemos contrastar, compartir, crear está al alcance de cualquiera. Las posibilidades son infinitas. La contrapartida es que esta libertad de información puede llevar a la apropiación y divulgación sin consentimiento del autor: el plagio o la duplicación, la vulneración de los derechos de autor, son problemas que se han derivado de la libertad en la red. La proliferación de blogs y de medios digitales, mensajes en redes sociales como Twitter, Instagram y demás, está provocando un intenso debate.

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Proteger la creatividad

Podemos “copiar y pegar” un texto, una imagen, una canción, difundirlo en redes sociales, fingir la autoría, y lo más fácil es que al autor no sea consciente de ello hasta mucho tiempo después, si llega a serlo.

Según la Ley de Propiedad Intelectual vigente “Son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro”. La originalidad es el concepto clave de la LPI. Recoge esta ley la variedad de contenidos que se comparten en internet. Un tuit, una fotografía, un post de un blog, son contenidos originales que estarían bajo su protección. Así se plantea también qué clase de protección asignamos a cada uno.

Las normas que regulan la propiedad intelectual se aplican, por tanto, de igual modo al contenido digital que al contenido en formato físico. Por muy fácil que sea difundir un texto tomado de internet, se debe citar su procedencia y su autor, y no está permitido su modificación sin consentimiento de este.

 

La inmensidad de la red

Si un autor de un contenido original sospecha de que alguien ha copiado, duplicado o plagiado su contenido, está en el perfecto derecho de denunciarlo, pero el problema es cómo llegar hasta el mismo origen del plagio. Es sencillo que este contenido sustraído esté difundido en más de una página web, blog o red social, y estos no tienen ninguna responsabilidad al no haber sido partícipes.

Una solución podría ser educar a los usuarios en la ética, las buenas prácticas: prácticas sencillas como investigar la fuente original del contenido, pedir permiso al creador para compartir su contenido, no descargarlos sin su consentimiento, etc. Educar a los usuarios podría fomentar que se redujesen.

Cuestiones abiertas

Cómo regular el intercambio ilegal de obras, sin enfrentar la libertad de acceso a la red, incentivar el consumo ético y legal de estas obras sin poner fronteras y sin amenazar estas libertades que ofrece la red son cuestiones importantes en el ámbito de las industrias culturales, como lo son también la definición de autoría o coautoría, derechos morales, derechos de distribución, obra. Todos son conceptos que están en proceso de transformación.

En esta segunda edición de la Creative Industries Global Conference, los días 24 y 25 de octubre en Orihuela (Alicante), se plantearán estudios e investigaciones entre investigadores  que contribuyan a la difusión del conocimiento y al acercamiento de propuestas investigativas entre distintos países.

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